Acta Pediátrica Española

ISSN 2014-2986
Acta Pediatr Esp. 2010; 68(7): 372-373

Queridos abuelos

Queridos abuelos

P. Castells

Ediciones Ceac. Grupo Planeta. Barcelona, 2010. 277 páginas

 

La personalidad del doctor Paulino Castells es de sobra conocida en el mundo de la pediatría. Formado como alumno interno y luego médico residente en el Departamento de Pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona, he tenido la suerte de ver su triunfo científico, docente y profesional como experto en neurología pediátrica y psiquiatría infantil. Inició su dedicación a la enseñanza como profesor asociado en la cátedra de pediatría y ahora la polariza como profesor agregado en la Licenciatura de Psicología de la Universidad Abat Oliba CEU de Barcelona y, como es bien sabido, la extiende a través de conferencias siempre atractivas y de numerosos libros, de gran difusión. En alguno se puede leer un prólogo mío con más detalles que ahora no son necesarios.

Cuando P. Castells está en plena juventud, si se juzga por su apariencia y por su actividad, ya goza de esa recompensa divina que son los nietos. Nada más que por ellos merece la pena tener la paciencia de llegar a viejo. Por eso, después de dedicar la mayoría de sus obras a la infancia y la juventud, junto con la problemática de la familia actual, se plantea la importancia de ser mayor y cómo manejarse con los hijos y los nietos. Lo hace en siete grandes capítulos dedicados sucesivamente a cómo afrontar la vejez, el nieto en la vida de los abuelos, sus actitudes en la familia, lo que pasa con los abuelos en el divorcio de los hijos, los signos y síntomas de la senectud, cómo prolongar la vida, las políticas sociales y algunas conclusiones terapéuticas. En cada uno de ellos hay multitud de facetas, tratadas con realismo y ese tono, al mismo tiempo didáctico y optimista, propio de la literatura de este querido autor. Así, el lector queda enterado de manera útil y agradable de los cambios naturales propios de la mal llamada tercera edad, la explicación de las transformaciones que los años van produciendo en el metabolismo y en todo el organismo, la mejor manera de enfocar las relaciones sociales y familiares y cómo intervenir en la educación de los nietos, respetando siempre la máxima autoridad de los padres. En raras ocasiones, los abuelos deben suplir a los padres. Entonces deben procurar no caer en errores, sobre todo en la sobreprotección, recordando el viejo aforismo de que niño criado por el abuelo nunca es bueno.

Como pediatra me ha preocupado este tema, por supuesto algunos años antes que al Dr. Castells, anotando la advertencia a los «queridos abuelos» de no suplir al médico en algunos problemas clínicos, dado que los abuelos suelen ser los depositarios de la sabiduría popular y tienden a la aplicación de remedios propios de la medicina tradicional o la de su lejano tiempo juvenil. Lo he visto, por ejemplo, en la misma consulta, cuando uno de los abuelos, generalmente la madre de la nueva madre, pretende llevar la voz cantante en el diálogo con el pediatra. En cambio, sólo veo ventajas cuando cuidan al nieto sano, en especial en la edad de lactante y párvulo. Entonces superan con creces a la más experta cuidadora o canguro.

Me parece que al autor, como me ha sucedido a mí mismo al llegar a esta edad veterana, se le plantea algo un poco preocupante, como es lo que me permito denominar el «pediatra-abuelo». Al coincidir estas dos categorías, tal vez surgen ciertos inconvenientes. De entrada, se me ocurre que la lógica limitación sensorial plantea la posibilidad de hacerlo mal en el examen clínico. Además, con la edad aumenta la compasión ante el niño que sufre, por ejemplo cayendo en el síndrome del avestruz, cuando uno tiende a ponerse una venda en los ojos para no ver la realidad amenazadora. Por si esto fuera poco, la experiencia larga, junto con los estragos del tiempo, conducen a grandes dudas o bien limitaciones que abocan a un escepticismo diagnóstico y hasta un posible nihilismo terapéutico. Aunque personalmente no he rechazado este papel, comprendo muy bien a los padres médicos que confían sus hijos enfermos a otros colegas y mucho más a los pediatras abuelos, que hacen lo propio evitando una fuente de intranquilidad y estrés, enemigos de una edad dorada saludable.

La gran ventaja del binomio «pediatra-abuelo» es el conocimiento a fondo de la constitución de su nieto, saber su posible predisposición a determinados trastornos, la distinción de lo que es normal y anormal en el niño y, más aún, el entorno que le rodea, tan importante en la pediatría actual. Sin más consideraciones, que podrían exceder los límites aconsejables de esta nota, termino diciendo que comparto la opinión expuesta por Leopoldo Abadía en su divertido prólogo: se trata de un libro amable, bien documentado y acogedor. Estoy seguro de que sus numerosos lectores pensarán lo mismo.

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